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Ritmos de una ciudad
Desde su debut en la Selección Oficial de Cannes 2011, ‘We Need to Talk About Kevin’ ha dejado helado al público internacional. Basada en la novela de Lionel Shriver, la película le da un giro crudo y oscuro al tema de la maternidad. Con actuaciones dignas de reconocimiento y cinematografía impecable, ‘We Need to Talk About Kevin’ se estrenará próximamente en The Movie Company.

A través de pequeños fragmentos es que la directora escocesa Lynne Ramsay (‘Ratcatcher’, ‘Morvern Callar’) reconstruye la historia de Eva Khatchadourian y de su hijo Kevin (Ezra Miller). Eva, una exitosa escritora y editora de guías de viaje, se encuentra felizmente casada con Franklin (John C. Reilly). Un embarazo inesperado les trae a su primer hijo, Kevin. A partir del nacimiento de Kevin comienza a desarrollarse una inexplicable tensión entre madre e hijo. En un principio son llantos y travesuras ‘inocentes’, pero poco a poco la crueldad y la indiferencia de Kevin hacia Eva la llevan a cuestionar el cariño innato que debería existir entre una madre y su hijo. Como adolescente, Kevin lleva la perversidad a su máximo apogeo, trayéndole a Eva y al resto de su familia un destino trágico. ‘We Need to Talk About Kevin’ nos presenta cómo Eva trata de lidiar con este destino y, más allá de eso, comprenderlo a fondo.

Desde el principio del filme vemos la vida de Eva después de Kevin: un trabajo mediocre, una casa vieja y deteriorada, una comunidad que la condena y la rechaza y una conciencia atormentada. El nivel de complejidad psicológica al que Tilda Swinton lleva a su personaje hace que el espectador sienta cierta ambivalencia hacia Eva: es una mujer rígida, ambiciosa y muy fría (tanto física como emocionalmente) por lo cual es difícil empatizar con ella. Esta caracterización incita al público a preguntarse si acaso el comportamiento sociópata de Kevin es producto del desapego que un principio le mostró su madre.

Por otro lado, la caracterización brutal que, tanto Jasper Newell (Kevin 6-8 años) como Ezra Miller (Kevin adolescente) hacen de Kevin, obliga al espectador a considerar el estado mental del niño como un factor esencial para explicar su comportamiento. A lo largo de la película vemos como Kevin disfruta enormemente la angustia que provoca en los demás, especialmente en su madre, sin tener algún tipo de culpa o conciencia moral. Es muy fácil para el espectador tratar de convencerse que el comportamiento del joven es a raíz de una condición psiquiátrica, sin embargo, el dilema que Lynne Ramsay levanta va un paso más allá: ¿acaso esta condición es innata o fue provocada por la frialdad de Eva? Dicho en otras palabras, ¿cómo es que nace la maldad en los seres humanos? ¿es algo innato o algo que se desarrolla a partir de un contexto sociocultural determinado? y, más aún, ¿cuál es el rol de la madre en este contexto y que tanto impacto puede su actitud en el recién nacido?

Sin duda alguna, la crudeza con la cual el filme trata este dilema es suficiente para perturbar a cualquiera, no obstante, el montaje narrativo y la fotografía del irlandés Seamus McGarvey (‘Atonement’, ‘The Hours’) agregan un elemento más a la historia.  Al entrelazar lo real con lo surreal, fragmentar el tiempo en episodios aleatorios y cambiar la perspectiva de la cámara (a momentos parecería que estamos viendo todo desde el punto de vista de Eva), la situación adquiere un nuevo potencial, haciendo que la brutalidad de la película vaya mucho más allá de las palabras.
 
@themoviecompany
 
we need to talk about kevin
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