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Ritmos de una ciudad
A partr de la creciente ola de violencia que se vive en el país, intelectuales y representantes de asociaciones civiles pusieron sobre la mesa el tema de la legalización como un “plan B” a la estrategia de seguridad emprendida por el gobierno federal. El presidente Felipe Calderón reconoció que se trata de “un debate medular” que se tiene que dar y dijo, estar abierto a escuchar propuestas. Sin embargo, a un año de concluir su mandato poco le han interesado los argumentos a favor de la legalización.

Estamos – antes que nada, frente a un problema de salud pública. Las drogas no tienen pies, no caminan y saltan a las manos de quien las consume. Según datos de la Encuesta Nacional de Adicciones, son casi 6 millones de mexicanos los que reconocen haber consumido alguna sustancia ilegal en determinado momento de su vida, una cifra que en los últimos 6 años ha tenido un aumento significativo. De modo que necesitamos verdaderas campañas de información y prevención sobre los riesgos de habituarse a alguna droga. Infundir miedo únicamente sobre el “horror” de las adicciones no es la manera de prevenirlas y se ha comprobado.
Actualmente, 14 estados de la Unión Americana han legalizado el uso “médico” del cannabis, California incluso aprobó la instalación de cuatro fábricas en Oakland para la producción industrial de la hierba. Hecho: el discurso prohibicionista no funciona.
A principios del siglo pasado, el entonces naciente Buró de Narcóticos de los Estados Unidos se encargó de crear y difundir campañas publicitarias de alto impacto para persuadir a la sociedad norteamericana de los peligros de la marihuana y así evitar su consumo: “si la fumas te volverás loco”, “si la fumas matarás gente”, “si la fumas querrás heroína o te volverás comunista”. El experimento –lógicamente- no funcionó y el consumo se popularizó a pesar de la persecusión. Con el paso de las décadas se comprobó que la marihuana no causaba mayores daños que los del tabaco o el alcohol y que de ningún modo era un detonante de la violencia, pues se trata en realidad de un depresor del sistema nervioso. Actualmente, 14 estados de la Unión Americana han legalizado el uso “médico” del cannabis, California incluso aprobó la instalación de cuatro fábricas en Oakland para la producción industrial de la hierba. Hecho: el discurso prohibicionista no funciona.

Otro punto a reflexionar es que no podemos poner a todas las drogas en la misma balanza, sus efectos son diferentes y sus repercusiones también. La cocaína por ejemplo, es un estimulante y sí puede detonar actitudes violentas. No es lo mismo consumir químicos que comer hongos y de ninguna manera podrían seguir los mismos parámetros para su despenalización. Una vez más, la información debe ser clave para la erradicación de consumos problemáticos y el tratamiento de los mismos. Para la legalización de cualquier droga, habría que crear un ente regulador que se encargara no sólo de administrar la producción y comercialización de enervantes sino más importante aún, crear campañas de prevención y programas para rehabilitar adictos, acondicionar espacios.  No se debe señalar ni criminalizar a las personas que consumen estimulantes, debería haber una apertura como la hay ante otras drogas legales. Estamos hablando de derechos humanos y garantías individuales: ¿dónde empieza mi libertad y termina la del otro?
La corrupción que ha infectado nuestro sistema judicial e instituciones de gobierno, así como la falta de compromiso entre las jerarquías del poder, han sido un impedimento para controlar el conflicto
En cuanto al tema de la seguridad, tampoco podemos disfrazar con un “plan B” las deficiencias y fallas de la estrategia para combatir la delincuencia que azota al país. La corrupción que ha infectado nuestro sistema judicial e instituciones de gobierno, así como la falta de compromiso entre las jerarquías del poder, han sido un impedimento para controlar el conflicto. Necesitamos verdadera voluntad de poder, coordinación y evaluación. Es justo replantear objetivos y absolutamente necesario focalizar la política porque de otro modo estamos destinados al fracaso.

Finalmente, las posturas a favor y en contra sobran, lo realmente importante son los argumentos. Existen en ambas cámaras las propuestas de Víctor Hugo Círigo y René Arce sobre la legalización del cannabis con fines terapéuticos, hay que revisarlas y discutirlas, porque sí, debemos entrar al debate de la legalización. La marihuana puede ser el comienzo. Son cuestiones del libre albedrío, pensemos en qué sociedad queremos vivir. Yo me pregunto: ¿los dueños de las grandes tabacaleras del mundo sentirán a los miles de muertos por cáncer de pulmón y garganta que anualmente deja el consumo de tabaco? ¿Qué con los que se matan en el periférico a las 3 de la mañana bajo los efectos del alcohol? Tenemos que ser justos. ¿Será equitativo el número de muertos resultado de la guerra contra el narco con el de personas finadas a consecuencia de los daños de consumir drogas? Lo dudo.

Ángel Conto
 

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Comentó el Lunes, 16 Agosto, 2010.

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